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Los principios que me han sostenido cuando todo lo demás fallaba...


Este fin de semana, revisando antiguos cuadernos de notas, encontré una lista que escribí hace casi diez años. Eran los principios que prometí nunca comprometer, sin importar dónde me llevara mi carrera. Al releerlos, sentí una mezcla de orgullo y humildad: algunas promesas las había mantenido, otras las había olvidado en el camino.





Navegando sin mapa en aguas turbulentas

El mundo profesional actual me recuerda a navegar en un océano donde el clima cambia constantemente. Las tecnologías que dominábamos se vuelven obsoletas, los modelos de negocio se transforman, las expectativas evolucionan a un ritmo vertiginoso.

En este contexto, he descubierto que las estrategias y tácticas tienen fecha de caducidad, pero los principios permanecen. Son mi brújula cuando no hay estrellas visibles para orientarme.


El principio que me salvó

Recuerdo un momento crítico cuando dirigía un proyecto importante. Enfrentábamos plazos imposibles y presiones de todos lados. La tentación de recortar esquinas éticas era real, especialmente cuando nadie se habría enterado.

Lo que me mantuvo firme no fue el miedo a ser descubierto, sino un principio fundamental que había escrito años antes: la transparencia. Decidí comunicar abiertamente los desafíos que enfrentábamos, asumiendo la responsabilidad por los retrasos en lugar de ocultarlos con soluciones comprometidas.

Esa decisión, aunque inicialmente difícil, construyó una confianza que ninguna entrega a tiempo habría logrado.


Cuando mis acciones traicionaron mis palabras

También he fallado en vivir mis principios. Durante un período de crecimiento profesional intenso, mientras declaraba valorar la dignidad humana, trataba a las personas como recursos para alcanzar objetivos.

Un colaborador valiente me confrontó con esta incongruencia. Esta conversación difícil me obligó a reconocer que el desafío no estaba en mis principios, sino en mi capacidad para mantenerlos bajo presión.


El equilibrio entre firmeza y flexibilidad

Con el tiempo, he aprendido que liderar desde principios no significa ser inflexible. El principio de subsidiaridad me ha enseñado a delegar decisiones al nivel más cercano a donde se implementarán, empoderando a otros y respetando su autonomía.

Esto ha transformado mi estilo de liderazgo, permitiéndome adaptar las formas sin comprometer la esencia. Los métodos cambian, los principios permanecen.


Una pregunta para reflexionar

¿Cuáles son los principios no negociables que orientan tus decisiones cuando enfrentas dilemas complejos? No hablo de valores abstractos que suenan bien en una presentación corporativa, sino de convicciones profundas que estás dispuesto a defender incluso cuando tienen un costo personal o profesional.

Porque al final, no seremos recordados por las estrategias que implementamos o los resultados trimestrales que logramos, sino por la integridad con que navegamos las aguas turbulentas del cambio global.


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Este blog se complementa con el microlearning "Liderar a partir de principios" que desarrollé como parte de mi compromiso con la promoción de un liderazgo ético y sostenible.

 
 
 

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